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En el centro cultural Mushily 10 personas se dedican a la elaboración de tejidos y artesanías tsáchilas. Foto: Juan Carlos Pérez para LÍDERES

En el centro cultural Mushily 10 personas se dedican a la elaboración de tejidos y artesanías tsáchilas. Foto: Juan Carlos Pérez para LÍDERES

María Victoria Espinosa
María Victoria Espinosa  (F) Contenido Intercultural
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Las artesanías tsáchilas vuelven con fuerza

5 de febrero de 2018 15:13

Los tsáchilas retomaron la confección de las coloridas faldas típicas de esa nacionalidad.
La elaboración de esas prendas puede tardar hasta dos meses, porque se debe hilar el algodón y teñirlo. Luego, enhebrar los hilos en los telares de madera tsáchila.

La guía nativa Miriam Calazacón señala que esa actividad, por ser tan laboriosa, dejó de practicarse en las siete comunas.

Los grupos que se dedicaban al turismo empezaron a comprar las prendas en Otavalo (Imbabura) por USD 20 y USD 30. “La calidad no era la misma y los turistas empezaron a decir que querían productos de nuestra nacionalidad”.

Hace unos cinco años, la actividad se retomó con la intención de recuperar esa tradición. Y los pedidos de bufandas, faldas y cintillos tsáchilas empezaron a aumentar de tres a 15 mensuales.

Incluso, en las siete comunas se crearon las marcas Tsafiki, Mapalí, Tsáchila, Tolón Pelé y Colorados, que este año buscan patentar sus productos.

En promedio, cada centro cultural vende entre 30 y 50 productos semanalmente.
Este año, en la comuna Chigüilpe ya se han elaborado 40 prendas de vestir, que serán vendidas a emprendedores para elaborar zapatos y también a turistas, que las llevarán como obsequios a Europa y EE.UU.

Las prendas, elaboradas en los telares tsáchilas, cuestan entre USD 5 y USD 100. El precio varía dependiendo del tamaño y del tiempo de elaboración.

Abraham Calazacón, líder del centro cultural tsáchila Mushily, indica que el interés de los turistas hacia los productos tsáchilas creció cuando se empezó a mostrar y a promocionar la verdadera cultura ancestral.

Él afirmó que el turismo que se hacía en algunas comunas hace unos 15 años era de demostración. “Solo nos vestíamos cuando recibíamos turistas. Ahora es un hábito, que es aplaudido y apreciado por los visitantes”.

Otro factor que favoreció a que las prendas empezaran a venderse fueron las ferias de emprendedores que se realizan dos veces al año en Santo Domingo.

Además de las prendas, se elaboran artesanías con las semillas de los árboles. Las pulseras no solo son un adorno. También sirven como un amuleto para evitar las malas energías, según la cosmovisión tsáchila.

Por eso son unas de las más compradas por los turistas. Incluso para darle garantías al comprador, la pulsera es bendecida en un ritual presidido por un chamán.

En los siete centros culturales de Chigüilpe se venden hasta 200 pulseras al mes, según la directiva de esa comunidad.

Agustín Calazacón, del centro cultural Tolón Pelé, explica que otro producto que también compran los turistas son las lanzas con símbolos de colores elaboradas con chonta por los artesanos.

Estas sirven para proteger las casas o locales comerciales de robos y para atraer la fortuna.
Las personas deben comprar un par. Eso debido a que los árboles de chonta tienen dos colores diferentes. Según la creencia tsáchila, la chonta café representa a la mujer y la negra al hombre. Cuando las dos se unen, el poder de protección es más intenso.

El par de lanzas cuesta entre USD 5 y USD 20, según el tamaño y los adornos.

Juan Zambrano compró un par para decorar un restaurante de carnes. Él cuenta que cada seis meses las lleva a Chigüilpe para que los chamanes le coloquen un ungüento y las bendigan. “A veces es bueno confiar en la sabiduría indígena. Además, es una forma de incentivar a los tsáchilas a que recuperen sus raíces”.

Otro rédito importante para los tsáchilas son los brebajes para aliviar los problemas de estrés y cansancio. También para revertir las malas energías.

Se venden en pequeños frascos de plástico y cuestan entre USD 3 y USD 5. Son elaborados con plantas extraídas del bosque tsáchila y deben frotarse en el cuello y las manos en la mañana y en la noche.

El chamán Manuel Calazacón vende 50 frascos mensuales.

Los productos

Las artesanías son elaboradas en su mayoría con materiales que se obtienen del bosque como la tagua y las semillas rojas y negras.

En la inversión en materiales como elásticos y broches, los tsáchilas gastan mensualmente alrededor de USD 50.

En los centros culturales también se pueden encontrar artesanías de los chachis de Esmeraldas, que están radicados en Santo Domingo.

Los días de mayores  ventas son los fines de semana, en las vacaciones estudiantiles y en los feriados. En esas fechas las ventas diarias pueden ser de hasta USD 600.