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Hugo Aguayo Luzárraga muestra dos modelos diferentes de sombreros con dibujos de caballos y aves. Foto; María Victoria Espinosa / LÍDERES

Hugo Aguayo Luzárraga muestra dos modelos diferentes de sombreros con dibujos de caballos y aves. Foto: María Victoria Espinosa / LÍDERES

Sombreros montuvios innovadores

30 de noviembre de 2017 16:25

Los sombreros de mimbre se convirtieron en lienzos para la familia Aguayo. Elaboran gorros de diferentes tamaños y luego les dibujan paisajes o animales típicos de los pueblos montuvios de Manabí, Guayas y Los Ríos.

Tres generaciones de esa familia se han dedicado a la venta de los sombreros desde hace 100 años.

Mario Aguayo fue el precursor de esa actividad. En uno de sus viajes para recolectar alimentos en la montaña encontró que el bejuco o mimbre era similar a la paja toquilla, pero más resistente. Así que se llevó ese material hasta su casa y luego de ponerlo a secar elaboró un sombrero.

El material le gustó a los montuvios radicados en Ventanas, Quevedo y Buena Fe, en la provincia de Los Ríos, y le hicieron varios pedidos. “A mi abuelo le gustaba dibujar y en los sombreros pudo desarrollar su habilidad para el arte”, señaló Hugo Aguayo, quien continúa con la confección.

Para que los sombreros tuvieran mayor acogida, Aguayo los personificaba. A los ganaderos les dibujaba vacas, terneros o cerdos. Mientras que a los agricultores, les hacía cultivos de maíz, arroz y otros productos del campo.

Según Hugo Aguayo, la familia dejó la actividad agrícola para dedicarse a los sombreros. Aguayo viajaba a Montecristi para aprender sobre las técnicas del tejido de sombreros de paja toquilla.

También estuvo en Colombia para instruirse en la elaboración del sombrero vueltiao, del Caribe.

Luego, su hijo Manuel Aguayo continuó la producción. Él expandió su arte a los pueblos montuvios de Manabí y Guayas. Además, empezó a elaborar sombreros gigantes para decoración de casas y restaurantes típicos.

Él señaló que al mes confeccionan 30 sombreros junto con sus hijos Hugo y Vicente. En cada pieza tardan unos tres días y el mimbre lo consiguen en Esmeraldas, en el territorio de la nacionalidad chachi.

Aguayo señaló que el negocio sigue siendo rentable porque el montuvio no se quita el sombrero para bañarse, comer o dormir. “Los montuvios nos caracterizamos por conservar nuestras costumbres y eso ha permitido que aún tengamos pedidos”, asegura.

En la actualidad, la familia Aguayo recorre las zonas rurales de Manabí y de Los Ríos. Arman sus puestos en las vías por donde cruzan los ganaderos y agricultores. También recorren las hosterías para vender adornos montuvios.

En los últimos tres años han participado en ferias como Expogan que se realiza en Santo Domingo de los Tsáchilas y que reúne a unos 3 000 ganaderos del país.