Dami S. Bonmatí. Cambridge y EFE
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Un venezolano se plantea nuevos objetivos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts

El ingeniero Rafael Reif, de origen venezolano, tomó el 21 de septiembre las riendas del prestigio Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, en inglés), con el empeño de romper las barreras por renta y nacionalidad en el acceso a la educación superior en Estados Unidos.

Reif ha pasado de nacer en una familia humilde en Venezuela a liderar un centro de la élite educativa mundial, y ahora quiere que esa posibilidad de progreso vital forme parte del ADN de las universidades. “En EE.UU. y, sobre todo, en universidades como el MIT, no importa de dónde uno viene o si tiene dinero, lo que aquí importa es que uno trabaje duro, que uno aprenda. Si uno hace eso, debe poder llegar a sitios”, auguró a EFE el nuevo Presidente de la institución.

Admitió que queda trabajo por hacer y, en su discurso inaugural ante estudiantes, científicos y líderes académicos, detalló -como buen ingeniero en microelectrónica- su fórmula para los próximos años.

El flamante Presidente del MIT, un centro privado, se propone cambiar el tradicional modelo de campus, muy arraigado en estas pequeñas ciudades del saber en Estados Unidos., y combinar la formación en persona con la educación a distancia, mucho más barata.

La fórmula Reif tendría un doble efecto económico, según desgranó: mejoraría el acceso al conocimiento de personas de rentas inferiores y rompería “el modelo financiero insostenible”, de las universidades estadounidenses. En este sentido, el nuevo responsable del MIT recriminó que el modelo financiero de las universidades de EE.UU., haya generado deudas acumuladas “inaceptables”.

Esa dureza concuerda con la gestión financiera de Reif en los últimos años desde el Rectorado del MIT, que fue clave para que la comunidad universitaria lo eligiera en mayo como nuevo presidente.

Reif se atribuye haber eliminado hasta USD 50 millones de déficit estructural del ente y fue el responsable de idear los recortes en gasto para capear los efectos de la crisis financiera mundial.

Durante la posesión subrayó que apostar por las tecnologías a distancia reduciría también “el problema creciente del costo”, de la educación y los problemas de “muchas familias que encuentran su precio insoportablemente alto”.

Lo mencionó en un momento en que el endeudamiento del estudiante estadounidense ha llegado a niveles récord y lo destacó en un centro universitario donde estudiar le cuesta a un alumno unos USD 55 000 al año, en promedio.

“Las nuevas tecnologías educativas están haciendo posible a muchos individuos aprender habilidades y contenidos de alto nivel a un precio mínimo”, defendió Reif, que ya había iniciado en los últimos años cursos a distancia.

Pese a sus propuestas innovadoras, el ingeniero accede a la Presidencia de una institución ligada a las tradiciones, como demostró su acto de presentación ante la comunidad universitaria, animado por el himno oficial del MIT interpretado por alumnos y coloreado por el desfile de miembros académicos de varias universidades vestidos para la ocasión.

De 62 años, Rafael Reif, que nació, creció y se formó en Venezuela, no obvió sus orígenes, pero aclaró que el debate sobre la integración de etnias y nacionalidades debería dejar de existir.

“En el MIT seguimos trabajando en ello, pero creo que tenemos el poder de culminarlo. Mi sueño es que, cuando se elija el decimoctavo Presidente de la institución, nuestra diversidad no deberá de ser comentada en los discursos del Presidente de la universidad”, sostuvo.

Entre centenares de birretes y togas, se escondió un gorro de lana y con la bandera venezolana estampada: era Claudia Pérez Arpino, de 26 años, estudiante de doctorado en Robótica y llegada de Latinoamérica al MIT hace un mes.

“Realmente es maravilloso ver cómo un venezolano se convierte en el Presidente del MIT; es un orgullo para mí y para todos mis colegas en mi país”, exclamó.

Para Claudia, su sueño ‘siempre’ ha sido doctorarse en el MIT, situado en Cambridge, en el área urbana de Boston (Massachusetts), donde rivaliza con la también privada y reputada Harvard.

Tanto el veterano científico emigrado de Venezuela encumbrado hoy como esta joven acabada de llegar se formaron en el mismo país, fueron profesores en la misma universidad y concluyeron sus estudios en EE.UU. Ante tales coincidencias, Claudia bromeó: “Caramba, ojalá tengamos caminos similares”.